El nacimiento de un bebé es uno de los acontecimientos más importantes en la vida del ser humano, y, lógicamente, cualquier detalle diferente nos puede preocupar. Y, uno de los más llama la atención es la caspa.

La caspa es una afección cutánea muy común en los recién nacidos y se demuestra con capas muy finas en forma de escamas. Los especialistas la denominan “costra láctea” y es algo muy normal. Por supuesto, no debes comparar la de tu bebé con la de otros niños. Cada persona es un mundo diferente.

 

¿Por qué aparece la caspa?

Durante el embarazo, la madre ha transmitido a su bebé una cantidad de hormonas que generan sebo en el cuero cabelludo del recién nacido. Verás entonces en su cabecita descamaciones blanquecinas y amarillentas, muy similares a la caspa. Puede presentarse en el cráneo y en la piel del tronco.

Normalmente, no debe constituir un signo de alarma. Esta suele manifestarse en el primer o segundo mes de vida y desaparece antes del tercero. Pero si se observa que esta “costra láctea” se acompaña de enrojecimiento de la zona e intensa comezón puedes estar en presencia de una dermatitis seborreica, y sí se debe acudir al pediatra.

 

¿Qué hacer para eliminar la “costra láctea”?

Aplica masajes circulares con las yemas de tus dedos, untados en vaselina. Espera ½ hora, frota la cabecita del bebé con champú, y enjuaga con abundante agua. Durante este proceso puedes pasarle cepillo suave al cuero cabelludo del niño. No mantengas este aceite aplicado por mucho tiempo, puesto que el origen de la caspa es básicamente sebáceo.

Nunca trates de quitar estas escamas con las uñas, porque podrías ocasionarle lesiones dolorosas. Recuerda que su piel es muy fina y delicada. En lo adelante, para evitar que le vuelva a salir la caspa, pásale diariamente una esponja humedecida en agua. Es un remedio infalible.

No te preocupes: aunque ahora te parezca desagradable, verás que en muy poco tiempo desaparecerá la caspa.